Buenos Aires, 27 de diciembre de 2002 - 13:45 hs. Última actualización 23:39
Opina Julio Nudler El sistema previsional, en estado crítico El Ministerio de Trabajo está preparando una nueva reforma previsional. La jubilación privada no funcionó porque el Estado obligó a las AFJP a comprar títulos públicos y luego entró en default. Además, en medio de la crisis, dos tercios de la población no realiza aportes.
Suena pintoresco, pero el Ministerio de Trabajo está preparando una nueva reforma previsional. Es la clase de iniciativa que jamás se esperaría de un gobierno provisorio. Obviamente, antes de que el Parlamento pueda debatir el proyecto, en el Poder Ejecutivo habrá otras caras y otras ideas.
Menos pintorescas resultan, en cambio, las ruinas que han quedado del sistema jubilatorio, dividido en dos subsistemas desde 1994, cuando fueron creadas las AFJP para -se enunció- canalizar el ahorro previsional (compulsivo) hacia el mercado de capitales, entonces apenas embrionario.
Hoy la situación es extremadamente crítica. Dos tercios de la población económicamente activa (formada por quienes trabajan, en la condición que sea, o desean hacerlo pero están desocupados) no realiza (ni le realizan) aportes a ninguno de los dos subsistemas: el de capitalización (o privado) y el de reparto (o público).
El problema no es nuevo, pero se agrava con cada día que pasa. Significa, sencillamente, que esos dos tercios sin aportes deberán ser subsidiados de alguna manera mediante recursos fiscales cuando alcancen la vejez, o bien abandonados a su suerte.
Esta enorme carga a futuro sobre el Estado no está documentada de ninguna forma, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con los depositantes que han aceptado recibir Boden por sus fondos atrapados en el corralito.
Tal como fue concebida, la reforma previsional de hace ocho años nunca funcionó apropiadamente. Manejados los millonarios recursos por un puñado cada vez más concentrado de bancos, dueños de las AFJP, los fondos, que antes iban al Estado como aporte salarial al sistema de reparto, siguieron yendo a aquél, pero ahora como onerosos préstamos para financiar el déficit.
De esta manera, un 60 por ciento de los activos en que las Administradoras invirtieron el ahorro previsional de sus afiliados consistió en títulos públicos. Al quebrar el Estado, la posibilidad de recuperar esos fondos depende de lo que depare el futuro, completamente incierto.
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